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Fuente: Ajahn Anan - Developing samadhi
Libre distribución siempre que sea sin alterar el contenido, de forma gratuita y citando las fuentes.
Permiso para imprimir y distribuir de forma gratuita:
Wat Marp Jan, Klaeng, Muang, Rayong 21160, Thailand.
dhammammagga.org 2010

Desarrollando samadhi

Una guía sobre los fundamentos de la meditación por Ajahn Anan Akiñcano

“Normalmente, nuestra mente está pensando y fantaseando sin cesar. Para detener este flujo de proliferación mental necesitamos practicar meditación.”

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Cuando estamos sentamos meditando adoptamos una postura que se sienta correcta, una postura balanceada y relajada. No deberíamos inclinarnos ni demasiado hacia la izquierda ni demasiado hacia la derecha, ni demasiado hacia delante ni demasiado hacia atrás. La cabeza no debería estar ni elevada ni colgando y los ojos deberían estar cerrados solo lo suficiente para no sentirnos tensos y nerviosos. Entonces centramos la atención sobre la sensación de respirar en tres puntos: la punta de la nariz, el corazón y el ombligo. Centramos la atención, primero, siguiendo la inspiración mientras pasa por estos tres puntos - comenzando en la nariz, descendiendo a través del corazón y terminando en el ombligo - y luego, en segundo lugar, la centramos en seguir la espiración en orden inverso - comenzando en el ombligo, subiendo a través del corazón y terminando en la punta de la nariz. Estos medios preliminares de centrar la atención pueden llamarse ‘seguir la respiración en tres puntos’.

Una vez que somos conscientes de la inspiración y la espiración y hábiles en centrar la atención en estos tres puntos, continuamos siguiendo claramente las inspiraciones y las espiraciones solo en la punta de la nariz.

A veces, mientras nos centramos en la respiración, la mente se desvía pensando y fantaseando sobre el pasado y el futuro, tenemos entonces que proponernos hacer el esfuerzo de mantener esta atención en el momento presente sobre la respiración. Si la mente está divagando tanto que no podemos centrar nuestra atención, deberíamos respirar profundamente, llenando los pulmones al máximo de su capacidad antes de exhalar. Deberíamos inhalar y exhalar profundamente tres veces y luego comenzar de nuevo a respirar normalmente. Cuando la inspiración pasa por la nariz contamos, ‘uno’; cuando pasa por el corazón, ‘dos’; por el ombligo, ‘tres’. Con la espiración contamos ‘uno’ mientras asciende desde el ombligo, ‘dos’ mientras pasa por el área del corazón, y ‘tres’ en la punta de la nariz. Deberíamos contar de esta forma hasta que seamos expertos y hábiles. Este es el primer método de centrar la atención en la respiración.

Alternativamente, podemos centrar nuestra atención usando el segundo método de ‘contar por parejas’. Contamos ‘uno’ cuando inspiramos y ‘uno’ cuando espiramos. Con la siguiente inspiración contamos ‘dos’, y con la espiración ‘dos’. Luego, dentro ‘tres’, fuera ‘tres’; dentro ‘cuatro’, fuera ‘cuatro’; dentro ‘cinco’, fuera ‘cinco’. Después del quinto par comenzamos de nuevo en ‘uno’ e incrementamos la cuenta de respiraciones un par cada vez, por ejemplo: dentro-fuera ‘uno’; dentro-fuera ‘dos’; dentro-fuera ‘tres’; dentro-fuera ‘cuatro’; dentro-fuera ‘cinco’; dentro-fuera ‘seis’. Después de contar cada nuevo par de inspiración-espiración comenzamos de nuevo en ‘uno’ y aumentamos los pares de forma incremental hasta ‘diez’. Usando este método seremos conscientes de cuando nuestra atención está con la cuenta - sumando los números correctamente - o cuando está distraída y confundida.

Cuando somos competentes en contar respiraciones, veremos que la respiración se percibe con mayor claridad. El ritmo de la cuenta puede ahora incrementarse en velocidad como sigue: con la inspiración contamos; ‘uno-dos-tres-cuatro-cinco’, y con la espiración, ‘uno-dos-tres-cuatro-cinco’. Cuando seamos hábiles en contar hasta cinco así, podemos incrementar la cuenta a seis: inspirando contamos, ‘uno-dos-tres-cuatro-cinco-seis’, y espirando, ‘uno-dos-tres-cuatro-cinco-seis’. Alternativamente podemos seguir contando hasta ‘cinco’, lo que sea más cómodo. Podemos experimentar con esto para ver si contar hasta cinco es suficiente para mantener nuestra atención o no. Si no podemos permanecer atentos y nos distraemos con los pensamientos, deberíamos contar rápidamente en la inspiración, ‘uno-dos-tres-cuatro-cinco’, y de forma similar en la espiración, ‘uno-dos-tres-cuatro-cinco’. Deberíamos contar de esta forma hasta que seamos expertos y hábiles. Al final, llegaremos a ser conscientes de que la mente ha dejado la cuenta por sí misma y se siente confortable conociendo el entrar y salir de la respiración justo en la punta de la nariz. Esto puede ser descrito como una mente llevada a la calma por el método de contar por parejas.

Si meditamos en casa, comenzamos por recitar las cualidades del Buddha, el Dhamma y el Sangha. Recordamos estas cualidades recitando las devociones diarias a la Triple Gema, en versión larga o corta. Entonces generamos pensamientos de buenos deseos (metta) dirigidos primero a nosotros mismos, recitando el verso, ‘Pueda yo disfrutar de bienestar’. Luego extendemos estos pensamientos de buenos deseos (metta) para incluir a todos los seres: ‘Puedan ellos ser felices y estar libres de sufrimiento; puedan ellos no ser separados de la buena fortuna que han logrado’. Luego nos centramos en conocer las inspiraciones y las espiraciones en los tres puntos, o según el método de contar en parejas, como han sido explicados anteriormente.

Establecemos la atención centrando la consciencia totalmente en contar respiraciones. Cuando la atención ha sido debidamente establecida, el corazón será consciente del proceso de contar sin interrupción, sin acordarse de nada, especialmente de aquellos objetos mentales que conducen al deseo sensorial, a la mala voluntad, a la pereza y al letargo, a la inquietud y agitación y a la duda. Cuando la atención ha sido establecida adecuadamente, los cinco obstáculos no surgen. La concentración se vuelve más firme y el samadhi surge, caracterizado por una tranquilidad mental llamada khanika samadhi. Esto es solo un estado mental ligeramente concentrado.

Si estamos centrados en samadhi con una atención constante, a veces el estado conocido como piti surgirá. Piti se caracteriza por sensaciones físicas de frescura o de una energía extática estremecedora por todo el cuerpo - como olas rompiendo en la orilla - que pueden hacer que el cuerpo se balancee y poner los pelos de punta. Estas sensaciones van  acompañadas con percepciones mentales de expansión física. Cuando la consciencia atenta está centrada continuamente, puede parecer que las manos y los pies se han desvanecido. Las sensaciones en otras áreas del cuerpo, incluso la sensación del cuerpo entero en sí misma, pueden también desaparecer completamente de la consciencia. El cuerpo se siente completamente tranquilo. Durante este tiempo en el que el corazón está tranquilo, la mente dejar ir temporalmente su apego al cuerpo físico y  por consiguiente la mente y el cuerpo se sienten ligeros y tranquilos. Mientras estamos sentados en meditación y esta tranquilidad se incrementa, puede parecer como si flotásemos en el espacio, dando lugar a sentimientos de felicidad y bienestar. En este punto podemos decir que la fuerza de nuestra concentración ha penetrado al nivel de upacara samadhi.

A medida que el samadhi va siendo más profundo, el corazón experimenta un éxtasis y una dicha incluso mayor junto con sentimientos de profunda fuerza y estabilidad internas. Todos los pensamientos cesan por completo y la mente se vuelve completamente quieta y unificada. En esta etapa no podemos controlar o dirigir la meditación. El corazón sigue su curso natural, entrando en un estado unificado con solo un único objeto de consciencia (ekaggatarammana). Esta es la unificación de la mente en samadhi; el corazón ha sido profundamente calmado y llevado hasta la unicidad.

Cada uno de estos niveles de tranquilidad nos da fuerza interna; dan poder al corazón para desarrollar la sabiduría. Cuando contemplamos el cuerpo a través de la tranquilidad modesta de khanika samadhi por ejemplo, conseguiremos un modesto grado de entendimiento intuitivo. Por medio de la investigación, veremos claramente que el cuerpo es impermanente. Podemos contemplar la naturaleza del cuerpo desde sus comienzos. ¿Cómo era en la concepción? ¿Cómo era en el útero? Podemos considerar la apariencia del cuerpo como un niño, creciendo gradualmente y madurando pero siempre inconstante y cambiante. Los órganos de los sentidos - los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y el cuerpo físico - se deterioran gradualmente con la edad junto con las facultades de ver, oír y demás. Cuando la degeneración llega a un grado mayor, decimos que el cuerpo está viejo. Entonces este enferma y con el tiempo muere.

Cuando el samadhi es fuerte el corazón es fuerte, capaz de contemplar y ver claramente el cuerpo físico como impermanente. Cuanto más profundo es el samadhi, más profundo es el entendimiento intuitivo sobre la impermanencia. Vemos claramente la verdad de las enseñanzas del Buddha, que el cuerpo es anicca - dukkha - anatta; inconstante, estresante y ni un yo ni un alma. En esta etapa estamos poseídos por el tipo de sabiduría más profunda; vemos la verdad con una claridad que no es ni cuestionable ni dudosa.

Hay tres niveles de sabiduría y entendimiento. El primero de ellos es el entendimiento adquirido a través del aprendizaje o la sabiduría que resulta de escuchar y estudiar las enseñanzas del Buddha. El segundo nivel de sabiduría surge a través de la contemplación e investigación de la verdad. El tercer y más profundo nivel de sabiduría se adquiere a través de la práctica de la meditación. Esta es la sabiduría que surge de un corazón tranquilo y que ve las cosas de acuerdo a la realidad (Estos tres niveles de sabiduría son conocidos como suttamayapanna, cintamayapanna, bhavanamayapanna).

Practicamos la atención a la respiración para tranquilizar el corazón. Podemos contar respiraciones o usar el mantra adicional 'Buddho'; recitando internamente 'Bud-' con la inspiración y '-dho' con la espiración. Cuando el corazón está calmado y concentrado, podemos usar el poder de este samadhi para investigar porque, incluso con concentración momentánea, la mente esta flexible y en el punto donde puede contemplar claramente el cuerpo físico y la mente, ya sean sensaciones, percepciones, formaciones mentales o consciencia. Cuando los recuerdos y las percepciones surgen, por ejemplo, podemos ver que están nubladas y difusas, como un cielo turbio y cubierto, incapaz de penetrar las cosas tal como son en realidad. Los pensamientos y las formaciones mentales son a veces sanas, a veces insanas o también neutras, ni uno ni otro. Estos sankharas no tienen ninguna esencia permanente.

La consciencia se refiere a la consciencia de conocer, ver, oír, oler, saborear y tocar. Hay seis clases de consciencia - basada en estos seis sentidos (la mente es el sexto sentido) - surgiendo y cesando en sucesión. Al escuchar el Dhamma por ejemplo, si el oído y la facultad de oír son normales y están en buenas condiciones, entonces podemos oír lo que se está diciendo. Si el aparato sensitivo está deteriorado, entonces la audición no será clara. Por consiguiente la audición depende de los sonidos haciendo contacto con el oído y de la facultad de oír estando en un estado saludable. Cuando oímos sonidos también está la consciencia de 'oír'; la mente es consciente de oír sonidos. Sin embargo, nos apegamos a esta consciencia y nos identificamos con la audición como nuestro yo, es decir, 'yo oigo' o 'el oír me pertenece'.

El proceso de oír depende de muchas causas y condiciones. Si no hay sonidos, entonces no hay la experiencia de oír. Si no hay contacto entre el oído y el sonido, de la misma forma, tampoco hay la experiencia de oír. Si la facultad de oír no está en buenas condiciones, sentimos que no hemos oído bien. Por lo tanto, cuando hay sonidos, la facultad de oír está en buenas condiciones y hay contacto entre estos sonidos y la base del sentido auditivo, consecuentemente la consciencia de oír surge y la audición tiene lugar. Lo mismo es cierto para los otros sentidos.

Sin excepción, las seis clases de consciencia que surgen por medio del ojo, del oído, de la nariz, de la lengua, del cuerpo y de la mente son solo tipos de elementos (e.g. el elemento consciencia-de-oír (sotavinnanadhatu)). Si nuestro corazón está tranquilo, entonces veremos todos estos tipos de consciencia como solo elementos surgiendo y cesando, sin un yo o un alma. En realidad, el yo es como un truco de un ilusionista surgiendo y cesando en las seis puertas de los sentidos. Sin embargo, la mente que carece de la fuerza interior de la sabiduría se aferra al cuerpo, a las sensaciones, a las percepciones, a las formaciones mentales y a la consciencia, y se identifica con ellas como su yo. Este apego hace que surja el sufrimiento. Cuando hemos llevado el corazón a la tranquilidad, sin embargo, la sabiduría y el conocimiento claro llamado vipassana surge, permitiéndonos abandonar este sentido del yo.

Por lo tanto, al principio, es esencial que practiquemos meditación. Debemos entrenarnos en la atención en el momento presente en todas las posturas usando un objeto preliminar de meditación para centrar y guiar a nuestro corazón. Practicando de esta manera fortaleceremos enormemente nuestra atención. Debemos hacer el esfuerzo de observar nuestra mente y nuestras sensaciones continuamente. Cuando hay un contacto entre los sentidos y sus objetos - los ojos y las formas, los oídos y los sonidos, la nariz y los olores, la lengua y los sabores, el cuerpo y las sensaciones físicas, la mente y los objetos mentales - debemos contemplar atentamente cómo estos objetos de los sentidos afectan a nuestro corazón. El que guarda y cuida su corazón se liberará de todo sufrimiento.

Debemos cuidar nuestro corazón con la atención, de otro modo solo se aferrará a todo objeto de la consciencia, creando un sentido del yo. El corazón no entrenado carece de sabiduría para ver que este apego causa sufrimiento. Nadie quiere sufrir pero a través de este apego a los objetos de la consciencia, el estrés y el descontento siempre surgen. Por lo tanto, tenemos que entrenar nuestro corazón siguiendo el camino de Buddha, quien nos exhortó a estar atentos siempre, ya estemos de pie, caminando, sentados o acostados.

Centrar la atención en la inspiración y la espiración es también una forma de practicar la atención llamada anapanasati - atención en la respiración. Podemos centrar nuestra atención todos los días por medio de esta práctica por treinta minutos o, si tenemos más energía, por cuarenta y cinco o incluso una hora. Siempre que tengamos tiempo, deberíamos intentar practicar la atención hasta que se vuelva firme y centrada continuamente. Cuando somos hábiles en la atención, la concentración y la sabiduría surgirán.

Siempre que estamos atentos, estamos perfeccionando los factores del Óctuple Sendero Noble. El Esfuerzo Correcto significa esforzarse por desarrollar la atención el en momento presente, abandonando el pasado y el futuro. El Esfuerzo Correcto también incluye el esfuerzo para prevenir el surgimiento en la mente de estados mentales perjudiciales y el esfuerzo por evocar y mantener cualidades hábiles y beneficiosas. Los factores de Correcta Atención y Correcta Concentración también se desarrollan con y por medio del factor del Esfuerzo Correcto.

Y para aquellos factores del Óctuple Sendero Noble relacionados con la conducta moral, como el Habla Correcto por ejemplo, también se desarrollan por medio de la práctica de sentarse y caminar atentamente en meditación. Mientras meditamos, nuestras acciones de cuerpo y habla están centradas de forma beneficiosa y estamos comprometidos en una actividad que es hábil y pura, de acuerdo al Modo de Vida Correcto.

Contemplando los impedimentos a la hora de meditar, como la agitación, y también reflexionando sobre como el sufrimiento es causado por el apego, estamos desarrollando los factores del Camino de la sabiduría, que son, el Punto de Vista Correcto junto con la Aspiración Correcta de estar libre de sufrimiento de una vez por todas. Así, todos los componentes del Óctuple Sendero Noble, o resumiendo, sila - samadhi - panna, se perfeccionan por medio de la práctica de la meditación porque mientras practicamos meditación, estamos desarrollando los ocho factores del camino simultáneamente.

L​a atención puede desarrollarse a través de la meditación caminando. Deberíamos caminar con compostura, las manos ​ unidas ligeramente al frente, la derecha sobre la izquierda. La cabeza no debería estar ni muy elevada ni colgando demasiado. Los ojos deberían estar mirando al frente a una distancia ​ equilibrada y en línea recta, ni hacia la izquierda ni hacia la derecha, ni hacia atrás ni demasiado hacia delante. Mientras caminamos atrás y adelante, coordinamos el movimiento de nuestros pies con el mantra 'Buddho'. Mientras avanzamos con el pie derecho recitamos internamente 'Bud-' y ​con el pie izquierdo '-dho'.

Luang Pu Chah ​enseñaba que mientras caminamos en meditación, debemos ​ ser conscientes del comienzo, la mitad y el final del camino. Mientras recitamos 'Bud-' con el pie derecho y '-dho' con el izquierdo, deberíamos también fijar nuestra atención en conocer nuestros movimientos en relación a estos tres puntos del camino, es decir, cuando comenzamos, cuando pasamos por la mitad y cuando llegamos al final. Una vez que llegamos al final del camino, paramos y establecemos la atención de nuevo antes de girar y volver recitando 'Bud - dho', 'Bud - dho',​ 'Bud - dho' como anteriormente.

C​entrarse en la actividad de caminar mientras paseamos adelante y atrás se llama 'cankama' ([Thai] jong-grom) o 'meditación caminando'. Podemos ajustar la práctica de la meditación caminando de acuerdo al tiempo y al lugar. Si el espacio lo permite podemos establecer un camino de veinticinco pasos de largo. Si hay menos espacio en el lugar podemos reducir el número de pasos y caminar más despacio. De todas formas mientras practicamos meditación caminando no deberíamos caminar ni demasiado rápido ni demasiado lento.

Cuando escuchamos a los demás, podemos también centrarnos en recitar 'Buddho' en nuestro corazón mientras anotamos con atención que estamos escuchando. Deberíamos esforzarnos en estar atentos cualquiera que sea nuestra actividad, ya sea sentarse, hablar o escuchar. Luang Pu Chah ponía gran énfasis en la práctica de la atención. Cuando el corazón está tranquilo, podemos pasar a la contemplación del cuerpo físico, las sensaciones, las percepciones, las formaciones mentales o la consciencia. Veremos que estos Cinco Agregados ​simplemente surgen, existen brevemente y luego cesan por completo. No hay ​un yo o un alma o una persona o un ser o un 'mí' o un 'tú' permanente para ser hallado.

Aunque el Noble Buddha es llamado el Iluminado, enseñó que no deberíamos identificarnos con este conocimiento como la verdad. A pesar de todo, podemos escuchar e investigar las enseñanzas sin entender que no deberíamos apegarnos a nuestro conocimiento y entendimiento intuitivo. Debido a que todavía tenemos una ​ visión del yo y el deseo de identificarnos con nuestra experiencia, podemos llegar a confundirnos sobre cómo proceder. El Noble Buddha enseñó que incluso con conocimiento y comprensión clara de la verdad, deberíamos reconocer a este conocimiento como siendo simplemente Dhamma surgiendo, estableciéndose y luego cesando. Entonces surge el corazón completamente puro.

A​ medida que desarrollamos la atención, podemos ver que a veces el corazón esta poseído por la codicia, ​el odio y el engaño.​ Reconociendo esto, deberíamos también ser conscientes de que esta es solo la naturaleza la mente sin iluminar. Es también la naturaleza de la mente estar, a veces, sin estas corrupciones. La mente que a veces está sana, a veces insana, a veces brillante, concentrada, tranquila, en calma y sabia es también justo la mente tal como es, de acuerdo a su naturaleza, y no para aferrarse a ella como 'mí' o 'mío'. La mente es solo la mente, no un yo o un alma o una persona o un ser o un 'mí' o 'tú'. Incluso este conocimiento ​no obstante, debería dejarse ir. Este conocimiento intuitivo de que el cuerpo y la mente son 'no-yo' se llama sabiduría, pero la sabiduría también debe dejarse ir y renunciar a ella. Entrenando nuestro corazón de esta manera, se vuelve tranquilo, puro y radiante. La mente que ha sido bien entrenada trae felicidad de forma natural.

L​a mente no entrenada es un peligro; no tiene refugio y debido a la ignorancia, corre continuamente junto con sus estados de ánimo y deseos. Sin embargo, la mente que ha sido ​debidamente entrenada nos trae felicidad. La mayoría de nosotros ya hemos recibido una educación o algún tipo de entrenamiento y ​tenemos conocimientos de varias artes y ciencias del mundo. No obstante, ​tenemos que entrenar más aun nuestras mentes para estar tranquilos y reconocer el peligro de ser deshonesto e indisciplinado. Tenemos que mantener nuestras acciones de cuerpo y habla dentro de los límites de la virtud y ver el peligro en las dificultades debidas a las corrupciones del deseo y la aversión, la crueldad, la mala voluntad, la duda, la agitación y ​la impaciencia.

A​ medida que aprendemos a ver las consecuencia​s​ dañinas de este tipo de estados mentales, desarrollamos buenos deseos (​metta), aspirando​ a la felicidad de nosotros y los demás, liberados del odio y la mala voluntad. Inicialmente cultivamos buenos deseos (​metta) hacia nosotros y hacia aquellos que amamos como nuestra madre y padre, y luego extendemos estos pensamientos benevolentes para incluir los seres en todos lados. Por medio del cultivo de buenos deseos (​metta) dormimos bien y nuestro corazón está tranquilo. Luego pasamos a la contemplación del cuerpo, las sensaciones, la mente y los objetos mentales (Los Cuatro Fundamentos de la Atención), viendo que estas cosas son solo esto - cuerpo, sensaciones, mente y objetos de la mente -  nada más. No son ni un yo ni un alma ni una persona ni un ser ni 'mí' ni 'tú'. Entonces la sabiduría surge y el sufrimiento disminuye ​constantemente.

P​or lo tanto, debemos entrenar y desarrollar nuestros corazones. Si no nos entrenamos en esta vida, dejaremos el mundo con las manos vacías. Tenemos que estudiar este cuerpo físico; nace, envejece gradualmente y ​finalmente muere. Es evidente por tanto, que solo el sufrimiento ​nos espera, no la felicidad. La vejez, la enfermedad y la muerte están esperando por nosotros. Ahora puede que no seamos conscientes de este proceso de degeneración, pero más tarde se volverá obvio. Nuestra vista, oído y fuerza física se deteriorarán. Algunas personas tienen una vida larga pero finalmente mueren de viejos. Cuando el cuerpo llega a su fin y no puede mantenerse más a sí mismo, llamamos​ a esto 'morir de viejo'. Cuando el cuerpo está en el punto donde ​solo puede desfallecer y morir, entonces decimos que ha alcanzado la vejez. Cuando es muy viejo, el cuerpo enferma  y​ cuando está muy enfermo, muere.

A​hora somos todavía fuertes físicamente y podemos sentarnos y caminar en meditación con facilidad. Podemos practicar la atención fácilmente y deberíamos por lo tanto esforzarnos en entrenar. Entrenar la mente en meditación es mucho más meritorio que practicar la generosidad y observar los preceptos. Por consiguiente, ya sea que vivamos en casa o en un monasterio, deberíamos hacer el esfuerzo de entrenarnos de acuerdo a los métodos que han sido explicados aquí. Deberíamos entrenar nuestros corazones en la tranquilidad y luego contemplar la verdad para ​hacer surgir la sabiduría. Realizaremos entonces los frutos de practicar el Dhamma.

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