¿Cuál
es la Verdad Noble del Origen del Sufrimiento? Es el deseo que renueva
al ser y está acompañado por el deleite y la lujuria,
deleitándose en esto y aquello: en otras palabras, anhelando los
deseos de los sentidos, deseando el ser, deseando el no-ser. Pero
¿dónde surge y florece este deseo? Donde sea que haya lo que parece
deseable y gratificante, allí surge y florece.
Esta es la Verdad
Noble del Origen del Sufrimiento: tal fue la visión, el entendimiento
intuitivo, la sabiduría, el conocimiento y la luz que surgieron en mí
sobre cosas nunca antes oídas.
Esta Verdad Noble debe ser penetrada abandonando el origen del sufrimiento…
Esta
Verdad Noble ha sido penetrada abandonando el origen del sufrimiento:
tal fue la visión, el entendimiento intuitivo, la sabiduría, el
conocimiento y la luz que surgieron en mí sobre cosas nunca antes oídas.
[Samyutta Nikaya, LVI, 11]
La
Segunda Verdad Noble con sus tres aspectos es: ‘Hay un origen del
sufrimiento, que es el apego al deseo. El deseo debe ser abandonado. El
deseo ha sido abandonado’.
La Segunda Verdad Noble afirma que
hay un origen del sufrimiento y que el origen del sufrimiento es el
apego a las tres clases de deseo: deseo por el placer de los sentidos
(kama tanha), deseo de existir (bhava tanha) y deseo de deshacerse de
(vibhava tanha). Esta es la afirmación de la Segunda Verdad Noble, la
tesis, el pariyatti. Esto es lo que contemplas: el origen del
sufrimiento es el apego al deseo.
El
deseo o tanha en Pali es algo importante que comprender. ¿Qué es el
deseo? Kama tanha es muy fácil de comprender. Esta clase de deseo es
querer los placeres de los sentidos por medio del cuerpo o de los otros
sentidos y buscar siempre cosas para excitar o complacer a estos – eso
es kama tanha. En realidad puedes contemplar: ¿cómo es cuando tienes
deseo por el placer? Por ejemplo, cuando estás comiendo, si tienes
hambre y la comida sabe deliciosa, puedes ser consciente de querer
tomar otro bocado. Nota esa sensación cuando estás saboreando algo
placentero; y nota cómo quieres más. No lo creas simplemente;
inténtalo. No pienses que lo sabes porque ha sido de ese modo en el
pasado. Inténtalo cuando comes. Saborea algo delicioso y mira qué
sucede: surge deseo por más. Eso es kama tanha.
También
contemplamos la sensación de querer convertirnos en algo. Pero si hay
ignorancia, entonces cuando no estamos buscando algo delicioso para
comer o alguna bonita música para escuchar, podemos estar atrapados en
un reino de ambición y logro – el deseo de convertirse en algo, de
llegar a ser. Quedamos atrapados en ese movimiento de esforzarse para
ser felices, de buscar ser ricos; o podríamos intentar hacer que
nuestra vida fuese importante esforzándonos por hacer que el mundo vaya
mejor. Observa esta sensación de querer volverte algo que no sea lo que
eres ahora mismo.
Escucha el bhava tanha de tu vida: ‘Quiero
practicar meditación para poder llegar a estar libre de mi dolor.
Quiero convertirme en un iluminado. Quiero convertirme en monje o
monja. Quiero iluminarme como persona laica. Quiero tener una mujer e
hijos y una profesión. Quiero disfrutar del mundo de los sentidos sin
tener que abandonar nada y convertirme también en un arahant.’
Cuando
nos desilusionamos con el intento de llegar a ser algo, entonces está
el deseo de deshacernos de las cosas. Así que contemplamos vibhava
tanha, el deseo de librarse de algo: ‘Quiero librarme de mi
sufrimiento. Quiero librarme de mi ira. Tengo esta ira y quiero
librarme de ella. Quiero deshacerme de los celos, del temor y de la
ansiedad’. Observa esto como una reflexión sobre vibhava tanha. Estamos
de hecho contemplando eso, dentro de nosotros mismos, que quiere
librarse de las cosas; no estamos intentando deshacernos de vibhava
tanha. No estamos tomando una posición en contra del deseo de librarnos
de las cosas ni estamos alentando ese deseo. En su lugar, estamos
reflexionando: ‘Es así; así es como se siente el querer deshacerse de
algo; tengo que conquistar mi ira; tengo que matar al Diablo y librarme
de mi codicia – entonces llegaré a ser…’ Podemos ver desde esta
sucesión de pensamientos que llegar a ser y deshacerse de algo están
bastante relacionados.
Ten en cuenta sin embargo que
estas tres características de kama tanha, bhava tanha y vibhava tanha
son meramente formas convenientes de contemplar el deseo. No son formas
de deseo completamente separadas sino diferentes aspectos de él.
El
segundo entendimiento de la Segunda Verdad Noble es: ‘El deseo debemos
dejarlo ir.’ Así es como el dejar ir aparece en nuestra práctica.
Tienes la comprensión intuitiva de que hay que dejar ir al deseo, pero
esa comprensión no es un deseo de dejar ir cualquier cosa. Si no eres
muy sabio y no estás reflexionando en tu mente, tenderás a seguir el
‘quiero deshacerme de, quiero dejar ir todos mis deseos’ – pero esto es
solo otra clase de deseo. Sin embargo, puedes reflexionar sobre ello;
puedes ver el deseo de de deshacerse de algo, el deseo de llegar a ser
o el deseo por los placeres de los sentidos. Entendiendo estas tres
clases de deseo, puedes dejarlos ir.
La Segunda Verdad Noble no
te pide que pienses ‘tengo muchos deseos sensuales’ o, ‘soy muy
ambicioso. ¡Soy muy bhava tanha, y más, y más, y más!’ o, ‘soy un
auténtico nihilista. Solo quiero dejarlo todo. Soy un auténtico
fanático vibhava tanha. Eso soy yo.’ La Segunda Verdad Noble no es eso.
No es sobre la identificación con los deseos de ninguna manera; es
sobre reconocer el deseo.
Solía pasar mucho tiempo observando
cuanta parte de mi práctica era deseo por llegar a ser algo. Por
ejemplo, cuánto de las buenas intenciones de mi práctica de meditación
como monje eran para llegar a ser apreciado y cuanto de mis relaciones
con otros monjes o monjas o con los laicos estaba relacionado con
querer ser apreciado y aceptado. Eso era bhava tanha – deseo por elogio
y éxito. Como monje, tienes esta clase de bhava tanha: querer que la
gente lo entienda todo y aprecie el Dhamma. Incluso estos sutiles, casi
nobles, deseos son bhava tanha.
Luego está vibhava tanha en la
vida espiritual, que puede ser muy pretencioso: ‘Quiero deshacerme de,
aniquilar y exterminar estas corrupciones.’ Me escuchaba pensando
realmente, ‘quiero deshacerme del deseo. Quiero deshacerme de la ira.
No quiero estar asustado o celoso nunca más. Quiero ser valiente.
Quiero tener alegría y felicidad en mi corazón.’
Esta práctica
del Dhamma no es de odiarse a sí mismo por tener esos pensamientos,
sino de ver realmente que son condicionados dentro de la mente. Son
impermanentes. El deseo no es lo que somos pero es la manera en la que
tendemos a reaccionar debido a la ignorancia, cuando no hemos
comprendido estas Cuatro Verdades Nobles en sus tres aspectos. Tendemos
a reaccionar así hacia todo. Estas son reacciones normales debidas a la
ignorancia.
Pero necesitamos no seguir sufriendo. No somos solo
víctimas sin remedio del deseo. Podemos permitir al deseo ser de la
forma que es y entonces empezar a dejarlo ir. El deseo tiene poder
sobre nosotros y nos engaña solo mientras nos aferramos a él, creemos
en él y reaccionamos ante él.
El Aferramiento es Sufrimiento
Normalmente
igualamos el sufrimiento al sentimiento, pero el sentimiento no es
sufrimiento. Es el aferramiento al deseo lo que es sufrimiento. El
deseo no causa sufrimiento; la causa del sufrimiento es el aferramiento
al deseo. Esta declaración está para reflexionar y contemplarla
en términos de tu experiencia individual.
Tienes que investigar
verdaderamente el deseo y conocerlo por lo que es. Tienes que conocer
lo que es natural y necesario para sobrevivir y lo que no es necesario
para sobrevivir. Podemos ser muy idealistas y pensar que incluso la
necesidad de comida es un tipo de deseo que no deberíamos tener. Uno
puede ser bastante ridículo en relación a esto. Pero el Buddha no era
un idealista y no era un moralista. No estaba intentado condenar nada.
Él estaba intentado despertarnos a la verdad para que pudiésemos ver
las cosas claramente.
Una vez que hay esa claridad y visión de
forma adecuada, entonces no hay sufrimiento. Todavía puedes sentir
hambre. Todavía puedes necesitar comida sin que se convierta en un
deseo. La comida es una necesidad natural del cuerpo. El cuerpo no es
el yo; necesita comida ya que de otro modo se debilitará mucho y
morirá. Esa es la naturaleza del cuerpo – no hay nada equivocado en
eso. Si nos ponemos muy moralistas y sabiondos y creemos que somos
nuestros cuerpos, que el hambre es nuestro propio problema, y que
deberíamos incluso no comer – esto no es sabiduría; es estupidez.
Cuando
ves verdaderamente el origen del sufrimiento, te das cuenta de que el
problema es el aferramiento al deseo, no el deseo en sí mismo. El
aferramiento significa ser engañado por él, creyendo que es de verdad
‘mi’ y ‘mío’: ‘Estos deseos son yo mismo y hay algo mal en mí por
tenerlos’; o, ‘No me gusta la forma en la que soy ahora. Tengo que
llegar a ser alguna otra cosa’; o ‘Tengo que deshacerme de algo antes
de que pueda llegar a ser lo que quiero ser.’ Todo esto es deseo. Así
que escúchalo con atención desnuda, sin decir que es bueno o malo, sino
reconociéndolo simplemente por lo que es.
Si
contemplamos los deseos y los escuchamos, en realidad ya no estamos
apegándonos a ellos; solo estamos permitiéndoles ser del modo en que
son. Luego llegamos al entendimiento de que el origen del sufrimiento,
el deseo, puede ser apartado y dejado ir.
¿Cómo dejas ir
las cosas? Esto significa que las dejas tal como son; no significa que
las aniquilas o las deshechas. Es más como catalogarlas y dejarlas ser.
Por medio de la práctica del dejar ir nos damos cuenta de que hay un
origen del sufrimiento, que es el apego al deseo, y nos damos cuenta de
que deberíamos dejar ir las tres clases de deseo. Luego nos damos
cuenta de que hemos dejado ir estos deseos; no hay nunca más ningún
apego hacia ellos.
Cuando te descubras aferrándote, recuerda que
‘dejar ir’ no es ‘deshacerse de’ o ‘desechar’. Si me quedo con este
reloj y tú dices, ‘¡déjalo ir!’, eso no significa ‘tíralo’. Pudiera
pensar que tengo que tirarlo porque estoy apegado a él, pero eso sería
justamente el deseo de deshacerse de él. Tendemos a pensar que
deshacernos del objeto es la forma de deshacernos del apego. Pero si
puedo contemplar el apego, este aferrarse al reloj, me doy cuenta de
que no tiene sentido deshacerse de él – es un buen reloj; mantiene bien
la hora y no es pesado para llevarlo por ahí. El reloj no es el
problema. El problema es el aferramiento al reloj. Entonces, ¿qué hago?
Dejarlo ir, dejarlo a un lado – posarlo suavemente sin ningún tipo de
aversión. Luego lo puedo coger de nuevo, ver qué hora es y posarlo
cuando sea necesario.
Puedes aplicar esta comprensión sobre el
‘dejar ir’ al deseo por los placeres de los sentidos. Quizás quieras
divertirte mucho. ¿Cómo puedes dejar a un lado este deseo sin aversión?
Simplemente reconociendo el deseo sin juzgarlo. Puedes contemplar el
querer deshacerte de él – porque te sientes culpable por tener ese
deseo tonto – pero solo déjalo a un lado. Luego, cuando lo ves tal como
es, reconociendo que es solo el deseo, ya no estás apegado a él.
Así
que el método es siempre trabajar con los momentos de la vida diaria.
Cuando te sientes deprimido o negativo, justo en el momento que rehúsas
entregarte a ese sentimiento es una experiencia iluminadora. Cuando ves
eso, no necesitas hundirte en el mar de la depresión y de la
desesperación y revolcarte en él. Puedes de hecho parar aprendiendo a
no pensarlo dos veces.
Tienes que averiguar esto por
medio de la práctica ya que así sabrás por ti mismo cómo dejar ir el
origen del sufrimiento. ¿Puedes dejar ir el deseo queriendo dejarlo ir?
¿Qué es lo que está realmente dejado ir en un momento determinado?
Tienes que contemplar la experiencia de dejar ir y examinar e
investigar de verdad hasta que llegue la comprensión intuitiva. Sigue
con ello hasta que esa comprensión llegue: ‘Ah, dejar ir, sí, ahora
entiendo. El deseo se deja ir.’ Esto no significa que vas a dejar ir el
deseo para siempre pero, en ese momento, has dejado realmente ir y lo
has hecho con completa atención consciente. Entonces hay un
entendimiento intuitivo. Esto es lo que llamamos conocimiento
intuitivo. En Pali, lo llamamos ñanadassana o comprensión profunda.
Tuve
mi primera comprensión intuitiva sobre el dejar ir en mi primer año de
meditación. Me imaginaba intelectualmente que tenías que dejar ir todo
y luego pensé: ‘¿Cómo dejas ir?’ Parecía imposible dejar ir algo. Seguí
contemplando: ‘¿Cómo dejas ir?’ Luego decía, ‘Dejas ir dejando ir.’
‘Bien, entonces, ¡deja ir!’ Luego decía: ‘Pero ¿ya he dejado ir?’ y,
‘¿Cómo dejas ir?’ ‘bien ¡solo deja ir!’ Continuaba así, frustrándome
más. Pero con el tiempo se volvió obvio lo que estaba sucediendo. Si
intentas analizar el dejar ir en detalle, quedas atrapado haciéndolo
muy complicado. Ya no era algo que podías entender a través de las
palabras, sino algo que realmente hacías. Así que dejé ir por un
momento, justo así.
Ahora con los problemas personales y las
obsesiones, dejarlos ir es justo así. No es cuestión de analizar y
empeorar el problema interminablemente, sino de practicar ese estado de
dejar las cosas por sí solas, dejarlas ir. Al principio, dejas ir pero
luego lo vuelves a retomar otra vez porque el hábito del aferramiento
es demasiado fuerte. Pero al menos tienes la idea. Incluso cuando tuve
aquella comprensión sobre el dejar ir, dejé ir por un momento pero
luego comencé a aferrarme pensando: ‘no puedo hacerlo, ¡tengo tantos
malos hábitos!’ Pero no confíes en esa clase de cosa molesta y
menospreciadora en ti mismo. No es de fiar en absoluto. Es solo
cuestión de practicar el dejar ir. Cuanto más empiezas a ver cómo
hacerlo, más eres capaz de sostener el estado de no-apego.
Es
importante saber cuándo has dejado ir el deseo: cuando no juzgas o
intentas deshacerte de él nunca más; cuando reconoces que es
exactamente de la manera que es. Cuando estás verdaderamente calmado y
tranquilo, encontrarás que no hay apego a nada. No te quedas atrapado,
intentando conseguir algo o intentando deshacerte de algo. El bienestar
sólo es reconocer las cosas como son sin sentir la necesidad de hacer
un juicio sobre ellas.
Decimos todo el tiempo, ‘¡Esto no
debería ser así!’, ‘¡Yo no debería ser de esta manera!’ y, ‘¡Tu no
deberías ser así y no deberías hacer eso!’ y demás. Estoy seguro de que
podría decirte cómo deberías ser – y tú podrías decirme cómo debería
ser yo. Debemos ser amables, afectivos, generosos, bien intencionados,
trabajadores, diligentes, con coraje, valientes y compasivos. ¡No tengo
que conocerte de nada para decirte eso! Pero para conocerte realmente,
tendría que abrirme a ti en vez de empezar con un ideal sobre qué
debería ser una mujer o un hombre, qué debería ser un buddhista o qué
debería ser un cristiano. No es que no sepamos qué deberíamos ser.
Nuestro
sufrimiento viene del apego que tenemos a los ideales, y las
complicaciones que creamos sobre el modo en que son las cosas. Nunca
somos lo que deberíamos de acuerdo a nuestros elevados ideales. La
vida, los otros, el país en el que estamos, el mundo en el que vivimos
– las cosas nunca parecen ser lo que deberían ser. Nos volvemos muy
críticos con todo y con nosotros mismos: ‘Sé que debería ser mas
paciente, pero ¡simplemente NO PUEDO ser paciente!.... Escuchando todos
los ‘debería’ y los ‘no debería’ y los deseos: queriendo lo agradable,
queriendo llegar a ser algo o queriendo deshacerse de lo feo y lo
doloroso. Es como ver a alguien charlando al otro lado de la valla
diciendo, ‘quiero esto y no quiero eso. Debería ser de esta forma y no
debería ser de esa otra.’ Tómate realmente el tiempo de escuchar a la
mente quejándose; tráela a la consciencia.
Solía hacer mucho
esto cuando me sentía descontento o crítico. Cerraba mis ojos y
empezaba a pensar, ‘no me gusta esto y no quiero eso’, ‘Aquella persona
no debería ser así’, ‘El mundo no debería ser así’. Seguía escuchando a
esta clase de demonio crítico que seguía y seguía, criticándome a mí, a
ti y al mundo. Luego pensaba, ‘¡Quiero felicidad y comodidad; quiero
sentirme seguro; quiero ser querido!’ Pensaba estas cosas
deliberadamente y las escuchaba para conocerlas simplemente como
estados que surgen en la mente. Así que tráelas a tu mente – despierta
todas las esperanzas, deseos y críticas. Tráelas a la consciencia.
Entonces conocerás el deseo y podrás dejarlo a un lado.
Cuanto
más contemplamos e investigamos el aferramiento, más surge la
comprensión intuitiva: ‘El deseo debe dejarse ir.’ Entonces, por medio
de la práctica real y el entendimiento de lo que dejar ir es realmente,
tenemos la tercera comprensión intuitiva sobre la Segunda Verdad Noble,
que es: ‘El deseo se ha dejado ir.’ De hecho sabemos dejar ir. No es un
dejar ir teórico, sino una intuición directa. Sabes que el dejar ir ha
sido logrado. Sobre esto trata toda la práctica.