¿Cuál
es la Verdad Noble de la Cesación del Sufrimiento? Es el
desvanecimiento sin residuos y la cesación de ese mismo deseo: el
rechazarlo, abandonarlo, dejarlo y renunciar a él. Pero ¿dónde se
abandona y se hace cesar este deseo? Donde sea que haya lo que parece
deseable y gratificante, allí se abandona y se hace cesar.
Esta
es la Verdad Noble de la Cesación del Sufrimiento: tal fue la visión,
el entendimiento intuitivo, la sabiduría, el conocimiento y la luz que
surgieron en mí sobre cosas nunca antes oídas.
Esta Verdad Noble debe ser penetrada comprendiendo la Cesación del sufrimiento…
Esta
Verdad Noble ha sido penetrada comprendiendo la Cesación del
sufrimiento: tal fue la visión, el entendimiento intuitivo, la
sabiduría, el conocimiento y la luz que surgieron en mí sobre cosas
nunca antes oídas.
[Samyutta Nikaya LVI, 11]
La
Tercera Verdad Noble en sus tres aspectos es: ‘Hay una cesación del
sufrimiento, de dukkha. La cesación de dukkha debe ser comprendida. La
cesación de dukkha ha sido comprendida.’
Todo el propósito de
la enseñanza buddhista es desarrollar la mente reflexiva para dejar ir
los engaños. Las Cuatro Verdades Nobles son una enseñanza sobre
dejar ir por medio de la investigación o el análisis – contemplando:
‘¿Por qué es así? ¿Por qué es de esta manera?’ Es bueno cavilar sobre
cosas como por qué los monjes se afeitan la cabeza o por qué las
Buddha-rupas tienen el aspecto que tienen. Nosotros contemplamos… la
mente no está formándose una opinión sobre si son buenas, o malas,
útiles o inútiles. La mente está en realidad abriéndose y
reflexionando. ‘¿Qué significa esto? ¿Qué representan los monjes? ¿Por
qué llevan cuencos de mendicante? ¿Por qué no pueden tener dinero? ¿Por
qué no pueden cultivar su propia comida?’ Nosotros contemplamos cómo
esta forma de vivir ha sostenido la tradición y le ha permitido ser
trasmitida desde su fundador original, Gotama el Buddha, hasta el
presente.
Reflexionamos a medida que vemos el sufrimiento; a
medida que vemos la naturaleza del deseo; a medida que reconocemos que
el apego al deseo es sufrimiento. Estos entendimientos solo pueden
venir por medio de la reflexión; no llegan a través de la creencia. No
puedes hacerte creer o darte cuenta de una comprensión intuitiva como
un acto de la voluntad; contemplando y reflexionando realmente sobre
estas verdades, las compresiones llegan a ti. Solo llegan a través de
la mente abierta y receptiva a las enseñanzas – la creencia ciega no es
en absoluto aconsejada o esperada de nadie. En lugar de eso, la mente
debe estar dispuesta a ser receptiva, reflexionar y contemplar.
Este
estado mental es muy importante – es el camino de salida al
sufrimiento. No lo es la mente que tiene ideas fijas y prejuicios y
piensa que lo sabe todo o que solo toma lo que otros dicen como
verdadero. Es la mente que está abierta a estas Cuatro Verdades Nobles
y puede reflexionar sobre algo que podemos ver dentro de nuestra propia
mente.
La gente pocas veces se da cuenta del no-sufrimiento
porque requiere un tipo especial de voluntad para reflexionar e
investigar e ir más allá de lo burdo y lo obvio. Se necesita voluntad
de mirar verdaderamente a tus propias reacciones, ser capaz de ver los
apegos y contemplar: ‘¿Qué se siente con el apego?’
Por
ejemplo, ¿te sientes feliz o liberado al estar apegado al deseo?
¿Levanta la moral o deprime? Estas preguntas son para que tú
investigues. Si averiguas que estar apegado a tus deseos es liberador,
entonces haz eso. Apégate a todos tus deseos y observa cuál es el
resultado.
En mi práctica, he visto que el apego a mis deseos
es sufrimiento. No hay ninguna duda sobre esto. Puedo ver cuánto
sufrimiento en mi vida ha sido causado por apegos a cosas materiales,
ideas, actitudes o miedos. Puedo ver todo tipo de miseria innecesaria
que me he causado a mí mismo por el apego porque no sabía hacer nada
mejor. Me crié en América – la tierra de la libertad. Te promete el
derecho a ser feliz, pero lo que realmente ofrece es el derecho a estar
apegado a todo. América te anima a intentar ser tan feliz como puedas
consiguiendo cosas. Sin embargo, si estás trabajando con las Cuatro
Verdades Nobles, el apego es para ser entendido y contemplado: Luego
surge la comprensión intuitiva sobre el no-apego. Esta no es una
posición intelectual o una orden de tu cerebro diciendo que no debes
apegarte: Es solo una intuición natural sobre el no-apego y el
no-sufrimiento.
La Verdad de la Impermanencia
Aquí
en Amaravati, cantamos el Dhammacakkappavattana Sutta en su forma
tradicional. Cuando el Buddha dio su sermón sobre las Cuatro Verdades
Nobles, solo uno de los cinco discípulos que lo escuchó lo entendió de
verdad; solo uno tenía la visión profunda. A los otros cuatro les gustó
bastante, pensando: ‘Una enseñanza muy bonita, de verdad’, pero solo
uno de ellos, Kondañña, tenía realmente la perfecta comprensión de lo
que el Buddha estaba diciendo.
Los devas también estaban
escuchando el sermón. Los devas son criaturas celestiales y etéreas,
enormemente superiores a nosotros. No tienen bastos cuerpos como
nosotros; tienen cuerpos etéreos y son bellos y encantadores,
inteligentes. Ahora, aunque estuvieron encantados de oír el sermón,
ninguno de ellos se iluminó por él.
Se nos cuenta que se
pusieron muy contentos por la iluminación del Buddha, y que
gritaron a
través de los cielos cuando oyeron esta enseñanza.
Primero, un nivel de
devata la escuchó, entonces lo gritaron al nivel siguiente, y
pronto
todos los devas estaban regocijándose - directos al más
alto, el reino
de los Brahma. Resonaba la alegría porque la Rueda del Dhamma se
había
puesto a rodar y estos devas y brahmas se estaban regocijando por ello.
Sin embargo, sólo Kondañña, uno de los cinco
discípulos, se iluminó al
oír este discurso. Justo al final del sutta, el Buddha le
llamó ‘Añña
Kondañña’. ‘Añña’
significa profundo conocimiento, así que
‘Añña
Kondañña’ significa
‘Kondañña-el-que-sabe’.
¿Qué sabía Kondañña?
¿Cuál fue el entendimiento que el Buddha alabó al final de su sermón?
Fue: ‘Todo lo que está sujeto al surgir está sujeto al cesar’. Ahora,
esto puede no sonar como un conocimiento importante, pero lo que
significa realmente es un patrón universal: todo aquello que esté
sujeto al surgir está sujeto al cesar; es impermanente y sin entidad
fija... Así que no te apegues, no te dejes engañar por lo que surge y
cesa. No busques tu refugio, aquello en lo que quieres permanecer y
confiar, en nada que surja - porque esas cosas cesarán.
Si
quieres sufrir y malgastar tu vida, vete por ahí buscando cosas que
surjan. Todas te llevarán al final, a la cesación, y no serás más sabio
por ello. Simplemente vas por ahí repitiendo los mismos hábitos viejos
y aburridos, y cuando mueras, no habrás aprendido nada importante de tu
vida.
En vez de solo pensar en ello, contémplalo realmente:
‘Todo lo que está sujeto al surgir, está sujeto al cesar’. Aplícalo a
la vida en general, a tu propia experiencia. Entonces lo entenderás.
Simplemente fíjate: principio... final. Contempla cómo son las cosas.
Este reino de los sentidos trata siempre del surgir y del cesar, el
principio y el final; puede haber entendimiento perfecto, samma ditthi,
en esta vida. No sé cuánto vivió Kondañña tras el discurso del Buddha,
pero se iluminó en ese momento. Justo en ese instante, tuvo
entendimiento perfecto.
Me gustaría enfatizar cuán importante es
desarrollar esta manera de reflexionar. En vez de desarrollar solo un
método para tranquilizar tu mente, lo que ciertamente es una parte de
la práctica, ve realmente que la meditación correcta es un compromiso
con la investigación sabia. Implica un esfuerzo valiente para ver las
cosas en profundidad, no analizándote y haciendo juicios sobre por qué
sufres en un nivel personal, sino tomando la decisión de seguir
verdaderamente el camino hasta que tengas entendimiento profundo. Un
entendimiento perfecto así está basado en el patrón del surgir y del
cesar. Una vez que esta ley se comprende, todo se ve como encajando en
ese patrón.
Esto no es una enseñanza metafísica: ‘Todo lo que
está sujeto al surgir, está sujeto al cesar’. No trata sobre la
realidad última - la realidad inmortal o imperecedera; pero si
entiendes profundamente y sabes que todo lo que está sujeto al surgir
está sujeto al cesar, entonces comprenderás la realidad última, lo
imperecedero, las verdades inmortales. Esto es un medio hábil hacia el
entendimiento último. Nota la diferencia: la declaración no es
metafísica sino una que nos lleva hacia un entendimiento metafísico.
Con
la reflexión sobre las Cuatro Verdades Nobles traemos a la consciencia
el problema de la existencia humana. Observamos esta sensación de
alineación y apego ciego a la consciencia sensorial, el apego a lo que
está separado y a lo que se presenta en la consciencia. Por ignorancia,
nos apegamos a los deseos por los placeres de los sentidos. Cuando nos
identificamos con lo que está sujeto a la muerte o limitado por la
muerte, y con lo que es insatisfactorio, ese apego es sufrimiento.
Los
placeres de los sentidos son todos placeres sujetos a la muerte,
mortales. Sea lo que sea lo que veamos, oigamos, toquemos, probemos,
pensemos o sintamos está sujeto a la muerte – limitado por la muerte.
Así que cuando nos apegamos a los sentidos mortales, nos apegamos a la
muerte. Si no lo hemos contemplado o comprendido, simplemente nos
apegamos ciegamente a la mortalidad esperando poder posponerla por un
tiempo. Fingimos que vamos a ser realmente felices con las cosas a las
que nos apegamos - solo para sentirnos finalmente desilusionados,
desesperados, y decepcionados. Podríamos tener éxito en convertirnos en
lo que queremos, pero eso también está sujeto a la muerte. Nos estamos
apegando a otro estado limitado por la muerte. Después, con el deseo de
morir, podríamos apegarnos al suicidio o la aniquilación – pero la
muerte en sí misma es también un estado limitado por la muerte. A todo
aquello a lo que nos apeguemos con estos tres tipos de deseo, nos
estaremos apegando a la muerte - lo que significa que vamos a
experimentar decepción o desesperación.
La muerte de la mente es
la desesperación; la depresión es una especie de experiencia de la
muerte en la mente. Al igual que el cuerpo muere físicamente, la mente
muere. Los estados mentales y las condiciones mentales mueren; lo
llamamos desesperación, aburrimiento, depresión y angustia. Siempre que
nos apegamos, si experimentamos aburrimiento, desesperación, angustia y
dolor, tendemos a buscar cualquier otra condición mortal que esté
apareciendo. Por ejemplo, sentís desesperación y pensáis: ‘Quiero un
trozo de tarta de chocolate’ ¡Adelante! Por un momento podéis quedaros
absortos con el dulce y delicioso sabor a chocolate de esa tarta. En
ese momento, hay un llegar a ser - ¡os habéis convertido en el dulce y
delicioso sabor a chocolate! Pero no os podéis agarrar a ello por mucho
tiempo. Os lo tragáis y ¿qué queda? Entonces tenéis que ir a buscar
otra cosa. Esto es ‘llegar a ser’.
Estamos cegados, atrapados en
este proceso de llegar a ser en el plano de los sentidos. Pero
conociendo el deseo sin juzgar la belleza o la fealdad del plano de los
sentidos, llegamos a ver el deseo tal y como es. Hay conocimiento.
Después, al dejar a un lado esos deseos en vez de agarrarse a ellos,
experimentamos nirodha, el cese del sufrimiento. Esta es la Tercera
Verdad Noble que debemos comprender por nosotros mismos. Contemplamos
la cesación. Decimos: ‘Hay cesación’, y sabemos cuándo algo ha cesado.
Permitiendo a las Cosas Surgir
Antes
de que puedas dejar ir las cosas, tienes que aceptarlas con plena
consciencia. En la meditación, nuestro objetivo es permitir hábilmente
al subconsciente surgir en la consciencia. A toda la desesperación, los
miedos, la angustia, las represiones y la ira se les permite hacerse
conscientes. Hay una tendencia en la gente a aferrarse a altos ideales.
Podemos llegar a estar muy decepcionados con nosotros mismos porque a
veces sentimos que no somos tan buenos como deberíamos ser, o porque no
deberíamos estar enfadados –todos los ‘debería’ y ‘no debería’.
Entonces creamos el deseo de librarnos de las cosas malas – y este
deseo tiene una cualidad honrada. Parece correcto librarse de los malos
pensamientos, la ira y los celos porque una buena persona ‘no debería
ser así’. De esta manera, creamos la culpa.
Al reflexionar sobre
esto, traemos a la consciencia el deseo de convertirnos en ese ideal y
el deseo de librarnos de estas cosas malas. Y al hacer eso, podemos
desapegarnos – así que en vez de llegar a ser la persona perfecta,
dejas ir ese deseo. Lo que queda es la mente pura. No hay necesidad de
convertirse en la persona perfecta porque la mente pura es donde la
gente perfecta surge y cesa.
El cese es fácil de comprender a
nivel intelectual, pero darse cuenta de ello puede ser bastante difícil
porque esto conlleva convivir con lo que no podemos soportar. Por
ejemplo, cuando empecé a meditar, tenía la idea de que la meditación me
haría más amable y feliz y esperaba experimentar estados mentales
dichosos. Pero durante los primeros dos meses, nunca sentí tanto odio e
ira en mi vida. Pensé: ‘Esto es terrible; la meditación me ha hecho
peor’. Pero entonces contemplé por qué había tanto odio y aversión
apareciendo, y me di cuenta de que la mayor parte de mi vida había sido
un intento de huir de todo aquello. Yo solía ser un lector compulsivo.
Tenía que llevar libros conmigo adonde quiera que fuese. Siempre que el
miedo o la aversión empezaban a acecharme, sacaba mi libro y leía; o
fumaba, o me ponía a comer algo. Tenía una imagen de mí siendo una
buena persona que no odiaba a la gente, así que cualquier indicio de
aversión u odio era reprimido.
Esta es la razón por la que,
durante mis primeros meses como monje, estaba tan desesperado por
encontrar cosas que hacer. Estaba intentando buscar algo con lo que
distraerme porque había empezado a recordar en la meditación todas las
cosas que deliberadamente intentaba olvidar. Recuerdos de la infancia y
la adolescencia no paraban de surgir en mi mente; entonces esta ira y
odio se volvieron tan conscientes que simplemente parecían abrumarme.
Pero algo dentro de mí empezó a reconocer que tenía que cargar con
esto, así que seguí hasta el final. Todo el odio y la ira que habían
sido suprimidos en treinta años de vida alcanzaron el pico en ese
momento, y se apagaron y cesaron por medio de la meditación. Fue un
proceso de purificación.
Para que este proceso de cesación
funcione, debemos estar dispuestos a sufrir. Esta es la razón por la
que hago hincapié en la importancia de la paciencia. Tenemos que abrir
nuestras mentes al sufrimiento porque es al abrazar el sufrimiento
cuando el sufrimiento cesa. Cuando nos damos cuenta de que estamos
sufriendo, física o mentalmente, entonces vamos al sufrimiento real que
está presente. Nos abrimos completamente a él, le damos la bienvenida,
nos concentramos en él, le dejamos ser lo que es. Eso significa que
debemos ser pacientes y soportar el desagrado de una condición
particular. Tenemos que aguantar el aburrimiento, la desesperación, la
duda y el miedo para entender que cesan en vez de huir de ellos.
Siempre
que no dejamos a las cosas cesar, creamos nuevo kamma que solo refuerza
nuestros hábitos. Cuando algo surge, lo agarramos y comenzamos con la
proliferación mental a su alrededor; y esto lo complica todo. Entonces
estas cosas serán repetidas y repetidas a lo largo de nuestras vidas –
no podemos ir por ahí siguiendo nuestros deseos y nuestros miedos y
esperar conocer la paz. Contemplamos el miedo y el deseo para que no
nos engañen más; tenemos que saber lo que nos está engañando antes de
que podamos dejarlo ir. El deseo y el miedo tienen que ser conocidos
como impermanentes, insatisfactorios y sin entidad fija. Son vistos y
penetrados para que el sufrimiento se pueda consumir por sí mismo.
Es
muy importante aquí diferenciar entre cesación y aniquilación – el
deseo que viene a la mente de librarse de algo. La cesación es el fin
natural de cualquier condición que haya surgido. ¡Así que no es deseo!
No es algo que creamos en la mente sino el fin de lo que empezó, la
muerte de lo que ha nacido. Por tanto, el cese no es un ‘yo’ - no viene
de una sensación de ‘Tengo que librarme de las cosas,’ sino de cuando
permitimos cesar a lo que ha surgido. Para hacer eso, uno debe
abandonar el ansia – dejarlo ir. Esto no significa rechazar o
deshacernos de ello sino que abandonarlo significa dejarlo ir.
Entonces,
cuando ha cesado, experimentas nirodha – cese, vacío, desapego. Nirodha
es otra palabra para Nibbana. Cuando has dejado ir algo y has permitido
que cese, entonces lo que queda es paz.
Puedes experimentar esa
paz por medio de tu propia meditación. Cuando has dejado que el deseo
termine en tu propia mente, lo que queda es muy pacífico. Eso es la
verdadera tranquilidad, lo Inmortal. Cuando realmente conoces eso tal
como es, comprendes nirodha sacca, la Verdad del Cese, en la que no hay
yo pero sigue habiendo un estado de alerta y claridad. El significado
real de la dicha es esa tranquila y trascendente consciencia.
Si
no permitimos el cese, entonces tendemos a obrar desde suposiciones que
hacemos sobre nosotros mismos sin ni siquiera saber lo que estamos
haciendo. A veces, no es hasta que empezamos a meditar que comenzamos a
darnos cuenta cómo tanto miedo y falta de confianza en nuestra vida
vienen de experiencias de la infancia. Me acuerdo que cuando era un
niño pequeño, tenía un muy buen amigo que se volvió contra mí y me
rechazó. Estuve afligido durante meses después de aquello. Dejó una
impresión indeleble en mi mente. Entonces comprendí por medio de la
meditación cuánto había afectado a mis relaciones futuras con los demás
un pequeño incidente como ese – siempre tuve un miedo tremendo al
rechazo. Ni siquiera había pensado en ello hasta que ese recuerdo
concreto no dejó de aparecer en mi consciencia durante la meditación.
La mente racional sabe que es ridículo ir por ahí pensando en las
tragedias de la infancia. Pero si siguen apareciendo en la consciencia
cuando eres adulto, quizás os están intentando decir algo sobre las
suposiciones que se formaron cuando eras niño.
Cuando empiezas a
sentir recuerdos o miedos obsesivos surgiendo en la meditación, en vez
de frustrarte o disgustarte por ellos, velos como algo a ser aceptado
en la consciencia para que puedas desapegarte de ellos. Puedes
organizar tu vida de tal manera que no tengas que fijarte nunca en
estas cosas; entonces las condiciones para que surjan son mínimas.
Puedes dedicarte a un montón de causas importantes y mantenerte
ocupado; entonces estas ansiedades y miedos innombrables nunca se harán
conscientes - ¿pero qué pasa cuando dejas ir? El deseo o la obsesión se
mueve – y se mueve hacia el cese. Termina. Y entonces tienes el
conocimiento intuitivo de que existe el cese del deseo. Así que el
tercer aspecto de la Tercera Verdad Noble es: el cese ha sido
comprendido.
Esto
está para ser comprendido. El Buddha dijo enfáticamente: ‘Esta es una
Verdad a comprender aquí y ahora’. No tenemos que esperar hasta que
muramos para descubrir si todo es verdad – esta enseñanza es para seres
humanos vivos como nosotros. Cada uno de nosotros tiene que
comprenderla. Yo puedo hablarte sobre ella y animarte a hacerlo pero
¡no puedo hacer que la comprendas!
No pienses en ello como
algo remoto o más allá de tus posibilidades. Cuando hablamos del Dhamma
o la Verdad, decimos que está aquí y ahora, y es algo que podemos ver
por nosotros mismos. Podemos dirigirnos a ella; podemos inclinarnos
hacia la Verdad. Podemos prestar atención a cómo son las cosas, aquí y
ahora, en este momento y este lugar. Eso es la atención: estar alerta y
llevar la atención a cómo son las cosas. A través de la atención,
investigamos el sentido del yo, este sentido de mí y lo mío: mi cuerpo,
mis sentimientos, mis recuerdos, mis pensamientos, mis puntos de vista,
mis opiniones, mi coche, mi casa y demás.
Mi tendencia era la
autocrítica, así que, por ejemplo, con el pensamiento: ‘Soy Sumedho’,
pensaba en mí mismo en términos negativos: ‘No soy bueno’. Pero
escucha, ¿dónde surge eso y dónde cesa?... o ‘Soy mucho mejor que tú,
estoy más realizado. Llevo viviendo la Vida Santa durante mucho tiempo,
así que ¡debo ser mejor que cualquier de vosotros!’ ¿Dónde surge y cesa
ESO?
Cuando hay arrogancia, vanidad o autocrítica – lo que sea -
examínalo; escucha internamente: ‘Yo soy...’ Se consciente y estate
atento al espacio antes de que piensas en ello; después piénsalo y date
cuenta del espacio que le sigue. Mantén tu atención en ese vacío al
final y mira a ver por cuánto tiempo puedes mantener tu atención en él.
Mira a ver si puedes oír una especie de sonido de timbre en la mente,
el sonido del silencio, el sonido primordial. Cuando concentras tu
atención en eso, puedes reflexionar: ‘¿Hay algún sentido del yo?’ Ves
que cuando estás realmente vacío – cuando solo hay claridad,
alerta y atención - no hay yo. No hay sensación del yo y lo mío. Así
que voy a ese estado vacío y contemplo el Dhamma: Pienso: ‘Esto es
justo como es. Este cuerpo de aquí es simplemente de esta manera’.
Puedo darle un nombre o no pero ahora mismo solo es de esta manera. ¡No
es Sumedho!
No hay un monje buddhista en el vacío. ‘Monje
buddhista’ es meramente una convención, apropiada al tiempo y al lugar.
Cuando la gente te alaba y dice: ‘Qué maravilloso’, puedes verlo como
alguien alabando sin tomártelo como algo personal. Sabes que no hay un
monje buddhista ahí; es solo Eso (lo que es tal como es). Es así
simplemente. Si quiero que Amaravati sea un sitio exitoso y es un gran
éxito, soy feliz. Pero si todo falla, si nadie se interesa, si no
podemos pagar la factura de la electricidad y todo se desbarata -
¡fracaso! Pero en realidad, no hay Amaravati. La idea de una persona
que es un monje buddhista o un lugar llamado Amaravati – son solo
convenciones, no realidades últimas. Ahora mismo es justo de esta
manera, es justo como se supone que es. Uno no lleva el peso de tal
lugar en sus hombros porque uno lo ve como realmente es y no hay nadie
que esté involucrado en ello. El que tenga éxito o fracase ya no es
importante de la misma manera.
En el vacío, las cosas son solo
lo que son. Cuando somos conscientes de esta manera, no significa que
seamos indiferentes al éxito o al fracaso y que no nos molestemos por
hacer nada. Podemos aplicarnos. Sabemos lo que podemos hacer; sabemos
lo que tiene que hacerse y podemos hacerlo de la manera correcta.
Entonces todo se convierte en Dhamma, el modo en que son las cosas.
Hacemos las cosas porque es lo que está bien hacer en este momento y
este lugar en vez de por un sentido de la ambición personal o del miedo
al fracaso.
El camino hacia el cese del sufrimiento es el camino
de la perfección. La perfección puede ser una palabra bastante
sobrecogedora, ya que nos sentimos muy imperfectos. Como
personalidades, nos imaginamos cómo nos podemos atrever a siquiera
entretenernos con la posibilidad de ser perfectos. La perfección humana
es algo de lo que nadie nunca habla; no parece posible en absoluto
pensar en la perfección respecto al ser humano. Pero un arahant es
simplemente un ser humano que ha perfeccionado la vida, alguien que ha
aprendido todo lo que se puede aprender a través de la ley básica:
‘Todo lo que está sujeto al surgir, está sujeto al cesar’. Un arahant
no necesita saberlo todo sobre todo; sólo es necesario saber y entender
completamente esta ley.
Usamos la sabiduría del Buddha para
contemplar el Dhamma, el modo en que son las cosas. Tomamos Refugio en
el Sangha, en aquello que está haciendo el bien y absteniéndose de
hacer e mal. El Sangha es una cosa, una comunidad. No es un grupo de
personalidades individuales o personajes distintos. La sensación de ser
una persona individual o un hombre o una mujer ya no es importante para
nosotros. Este sentido del Sangha es comprendido como un Refugio.
Existe esta unidad de tal manera que, aunque las manifestaciones sean
todas individuales, nuestra comprensión es la misma. Al estar
despiertos, alerta y no apegados más, comprendemos el cese y moramos en
el vacío donde todos nos fusionamos. No hay persona allí. La gente
puede que surja y cese en el vacío, pero no hay persona. Solo hay
claridad, consciencia, paz y pureza.