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Fuente: http://www.dhammamagga.org
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dhammammagga.org 2008

Meditación de pie

sugerencias para una buena postura

por dhammamagga.org


 

El Buddha dijo que cualquiera de las cuatro posturas, de pie, sentado, caminando o acostado, era buena para practicar. De estas cuatro la meditación de pie parece ser la menos extendida en el contexto buddhista. En la meditación caminando, al llegar a los extremos del camino marcado, muchos maestros indican que se puede uno detener y realizar unos momentos de meditación de pie, o incluso al notar, en medio del camino, que nos hemos distraído.

Aunque las instrucciones para la meditación de pie son las mismas o muy similares a las de la meditación sentado, lo que sigue son unas indicaciones posturales preliminares basadas en wuji, postura de qigong, que pueden favorecer este tipo de meditación, ya que una buena postura facilitará la relajación del cuerpo, y con ello, la relajación de la mente. También conseguiremos evitar problemas físicos que pueden surgir si se realiza durante periodos prolongados de tiempo.

Es muy importante que cualquier postura que se adopte resulte cómoda, natural y equilibrada. Debido a los desajustes del cuerpo durante los años en los que no se ha practicado ningún tipo de corrección postural, posturas que nos resultan incómodas al principio pueden acabar siendo de lo más cómodas y naturales, por lo que bien merece la pena hacer el esfuerzo inicial.


La postura

  • Los pies se colocan paralelos, separados la distancia de los hombros.

  • Las rodillas un poco flexionadas, solo para evitar que no estén rectas y trabadas. En realidad la articulación de la rodilla no se desarrolló para estar en su máxima extensión, y el tenerlas un poco flexionadas mientras se está de pie permite que el peso lo soporten los músculos de las piernas y no la articulación de la rodilla.

  • Colocamos la espalda recta, perpendicular al suelo. Es útil que alguien nos corrija mirando el perfil de la postura, o nosotros mismos mirándonos en un espejo, ya que al principio es fácil creer que se tiene la espada recta cuando no es así, y en realidad estamos inclinados hacia delante o hacia atrás. En este momento la postura será parecida a estar con el trasero apoyado en el borde de un taburete alto como los que hay en las barras de las cafeterías.

  • Se relajará la parte delantera del tronco, relajando el pecho, al relajarlo se hundirá un poco hacia dentro, lo que hará que se arquee la espalda. Esto se produce de forma natural al relajar el pecho, no hay que forzarlo.

  • El cuello estará también recto, siguiendo la linea marcada por la espalda, con el mentón un poco metido hacia el interior.

  • Los hombros se dejan caer relajados.

  • Los brazos también se dejar caer de forma natural a ambos lados del cuerpo, con los dedos de las manos ligeramente separados y estirados en forma relajada.

La sensación que se busca es como si se estuviese suspendido de la cabeza por una cuerda sujeta en la coronilla. Fijada al coxis habría otra cuerda en cuyo extremo tendría un peso. Estas dos sensaciones, la estar colgados de la coronilla, y la de sentir el peso colgado del coxis, permiten que la espalda se estire como si fuera un muelle que sujetásemos por ambos lados.

Es importante suavizar la curva lumbar para que el peso llegue al coxis y no se trabe en esa zona. Estas dos sensaciones permiten relajar toda la parte superior del cuerpo, y la zona lumbar anteriormente mencionada, muy castigada por los malos hábitos posturales adquiridos.

Como resumen los cuatro puntos básicos de la postura son, pies paralelos, rodillas flexionadas, espalda recta y colgados de la coronilla. Y una palabra, relajación.


Recorrer el cuerpo

Una vez conseguida la postura correcta se irán relajando todas las partes, llevando la atención a cada una de ellas en busca de tensiones, desde la planta de los pies hasta la coronilla. Las zonas mas “conflictivas” suelen ser la cadera, zona bastante difícil de sentir, los hombros y el cuello, aunque cada persona tiene sus propias particularidades.

Las piernas y los brazos se irán relajando de abajo a arriba, es decir de la plantas de los pies, rodillas, etc. a las caderas, y de los dedos, manos, muñecas, etc. hasta los hombros.

Hay dejar caer el peso siempre hacia la parte baja del cuerpo, venciendo el hábito natural de empujar hacia arriba, hay que dejarse caer, pero sin perder la postura.

Al alinear la postura de esta manera, será posible hacer caer la mayor parte del peso del cuerpo en los pies, intentando situar el punto de contacto principal en la zona central de la parte delantera del pie.

Una vez repasado todo el cuerpo, se pasará a fijar la atención en la postura en forma global, viendo el cuerpo como un todo y manteniendo una postura o intención expansiva en todas sus partes. Después de estar el tiempo que se desee realizando este trabajo, el cuerpo estará relajado, y debido al trabajo de atención realizado, también la mente, por lo que será más fácil trabajar el método de meditación que se esté siguiendo.

Hay que recordar que ninguna postura es perfecta, ya sea sentado, de pie, tumbado o andando, y todas tienen alguna zona del cuerpo que tiene que hacer “el trabajo sucio”. En el caso de la meditación de pie, esta parte serán las piernas, que será donde notemos el cansancio, pero como no hay mal que por bien no venga, veremos como poco a poco se irán fortaleciendo, dándonos seguridad y equilibrio al andar o estar parados.

Además de como ejercicio preliminar para la meditación de pie, este ejercicio y sus derivados son prácticas completas en sí mismas, con muchísimas posibilidades, tanto en el terreno de la salud física como mental.

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